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Educación: establecimiento La Victoria, en La Pampa
En busca de los orígenes perdidos

Imagen del Instituto en sus comienzos. Foto: Archivo

REALICO.- Como si hubiera sido una invitación de la naturaleza pródiga del norte de La Pampa, se podría decir que La Victoria nació para “El Agro”. Todo empezó cuando a fines de la década de los sesenta el gobierno nacional decidió lotear en unas veinte unidades económicas un predio rural ubicado a la vera de la ruta nacional N° 35 (15 kilómetros al sur de Realicó) y el Instituto Nacional de Colonización y Régimen de la Tierra donó el casco de la estancia “La Victoria” a la Fundación Sociedad Rural Argentina, para que fuera el basamento de un colegio agropecuario único en su tipo.

Esas 10.000 hectáreas pertenecieron sucesivamente a Mauricia Iraola, la familia Ayerza y la familia García Victorica. Las casi 1000 hectáreas del casco, con la casa estilo español con galería, que comenzaran a construir por los años treinta, brindó su espacio para la inversión de un millón de dólares que demandó el edificio educativo y las instalaciones.

En aquella inmensidad, a campo abierto, los puesteros tenían que colocar un farol en las noches para encontrar el rumbo hacia la casa. Ni alambrados había. Arboles añosos y campos en flor, con un ayer de pic-nics, se desperezaron entonces con todas las posibilidades para educar a jóvenes de ambos sexos dispuestos a aprender teoría por las mañanas y práctica por las tardes para lograr el título de agrónomo con nivel universitario.
“El Agro”

Habilitado para el ciclo lectivo 1973, el Instituto Privado (de gestión privada) Fundación Sociedad Rural Argentina, conocido como “El Agro”, recibió aportes y apoyo de la Secretaría de Agricultura y Ganadería de la Nación; de la intendencia de Realicó; del Centro Regional de Construcciones Escolares para Latinoamérica; de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de las Naciones Unidas. También el gobierno de Italia envió su contribución por las características particulares del proyecto.

Los trabajos prácticos comprendían cría de ganado, siembra, tambo y subproductos, granja, cría de conejos y tareas afines. En el acto inaugural, el 14 de marzo de 1971, el entonces presidente de la Sociedad Rural Argentina, Luis Firpo Miró, expresó que al fundar este Colegio Agropecuario “se trata de contribuir a la enseñanza de la juventud campesina, facilitando su acceso a los conocimientos necesarios para el mejor desarrollo de sus futuras labores, a fin de afianzar el amor por el campo e impedir el éxodo de las poblaciones rurales que no encuentran seguridad en su trabajo y temen por su porvenir, que es el porvenir de nuestro agro y también del país”.

A pesar de haber logrado un buen prestigio, en un par de oportunidades, la brújula señaló en el Colegio un norte difuso y se abandonó en parte la senda del comienzo.

Luego de intentos fallidos por recuperar la senda de los comienzos, nuevamente se están gestando cambios. A ese nuevo resplandor lo alentaron en los últimos meses las señoras que integran la comisión de la Fundación Sociedad Rural Argentina, convencidas de que era tiempo de reconsiderar el objetivo inicial para recobrar el paisaje y ser partícipes de la cosecha por la buena siembra.

Ahora son tiempos de cambios, más allá de las palabras. Porque urge aceitar los engranajes para que el pequeño mundo rural supere tantas agonías y vuelva a andar.

A la orilla de los alambrados, infinidad de flores de cardo alilan el contorno de La Victoria, la que fue para “El Agro”. .
Gladys Sago

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